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Para hablar de la situación actual que vive el Sindicato
de Trabajadores de la UNAM, debemos referirnos particularmente a la dinámica
de su clase política, así como a las condiciones y lo que
imagina la inmensa mayoría de trabajadores tiene para sí
del propio sindicato. En ciertos momentos particulares de la vida interna,
normada por su estatuto, coinciden estos aspectos, y el aparato sindical
sabe muy bien las implicaciones de estos encuentros, pero también
ha desarrollado una capacidad para concentrar con las puntas más
filosas que participan y critican a la dirección presidencialista
del mismo.
La clase política que configura actualmente la composición
de su Comité Ejecutivo (CE) a partir de su elección en abril
de 2000, no sólo muestra su ausencia de propuestas alternativas
para dar cause a la molestia e inconformidad de l@s trabajadores, sino
que, la oposición, o minoría del CE, prefiere replegarse
y concentrarse en la administración de la parcela que representan
ìsusî secretarías que ostentan. La otra parte, la que exterioriza
ser ìmayoritariaî, gracias a una representación no directa que les
garantiza, desde la mesa de debates, el actual estatuto; ha decidido participar
políticamente en espacios no solamente gremiales o propios de la
administración del Contrato Colectivo con la administración
universitaria.
Este hecho tan importante como que el Secretario General anuncia su filiación política, tendrá implicaciones de largo alcance y en lo inmediato ha modificado formas y tiempos en la actuación política de sus ìadversariosî del CE agrupados en corrientes sindicales de vida frentista electoral, o de utilería como agencias de colocación. Sin duda alguna, tomar la decisión de participar más activamente en la vida política general es importante y necesario; sin embargo, con esta decisión, se cometió el error de hacerlo en el momento pre-electoral, cuando es el período de decidir candidaturas en estas elecciones intermedias del 2003 y sobre todo, entrar por la puerta trasera del PRD, lo cual y como consecuencias primeras, provocará heredar amigos y enemigos ajenos, trato político por el ingreso tardío en la ìfamilia de corrientesî, así como retardar la formación militante y política como miembros de un partido y no sólo gremial.
Como se sabe, la participación parlamentaria o su vinculación con acciones extra parlamentarias, han cruzado la discusión de muchas generaciones en la oposición frente a todo sistema injusto u opresor. En México, a partir de la reforma política de López Portillo, fueron diseñados los principales trazos de lo que era una concesión del estado a partir de las emergencias de movimientos y actores sociales, incluso antes del movimiento estudiantil de 1968, pero esto también forma parte de una estrategia de incorporar a los críticos del sistema y a los movimientos independientes en una dinámica de gobernabilidad y consolidación de las medidas del estado.
Participar electoral y políticamente es importante, pero lo
fundamental es no nublar la lucha y la vista opositora ante las dietas,
no callar ante la falacia de un Congreso de seudo unión, desde el
momento en que hay competencias y exclusividades en el Congreso; no callar
las responsabilidades de los funcionarios públicos por actos u omisión;
no callar en los tiempos de implementación de la política
neoliberal desde la actuación de los secretarios de estado de los
poderes de la federación o de los empleados o funcionarios en general,
ante los decretos o ìalbazosî presidenciales o legislativos; no callar
ante la revisión pública de los gastos de la federación;
no callar y revisar la actuación del titular de la fiscalización
superior de la federación; no callar y no simular callando. El debate
entonces no está definido entre participar o no en el parlamento,
sino cómo se hace y con qué instrumento político coherente
se cuenta o construye para realizar estas tareas.
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Mientras la rutina administrativa, las maniobras de la clase política para sobrevivir o ambas, realizan quinielas electorales y acuerdos sin ìfronteras opositorasî en el STUNAM, los trabajadores padecemos la intensificación de ritmos de trabajo, el ataque diario a nuestros usos y costumbres, se achica la actuación de la primera instancia sindical cuando estas no se coluden con la autoridad y no se recibe apoyo del sindicato a nivel central, las asambleas delegacionales son secuestradas por hegemonías personales o de grupo donde las lealtades personales son el nuevo padecimiento que enfrentamos para las discusiones claras y democráticas; en los hechos sí hay trato diferenciado en función a nuestras simpatías sindicales o políticas e icluso, los jóvenes de nuevo ingreso inician la generación que piensa que los derechos son pre-ventas o logros personales por traficar influencias con el sindicato y/o la autoridad.
Entendemos que la ofensiva anti sindical se organiza desde el Estado y su vocación por ìadelgazarî sus compromisos sociales, auxiliados por el inquisidor medieval Carlos Abascal al frente de la Secretaria del Trabajo y de una contrarreforma laboral que se mantiene esperando la ocasión para ser aplicada gradual o parcialmente, oficializándola o por la vía del hecho.
No obstante esto, la necesidad y la preservación de nuestro sindicato no es ajena a una participación democrática y mayor de los sindicalizados y el próximo Congreso General de STUNAM en septiembre del año en curso, es una oportunidad para presentar iniciativas, en el terreno de la política laboral y en la reforma estatutaria, entre otros de sus puntos a tratar. Para ello han colocado procedimientos y tiempos afines a su gobernabilidad, pero es, en última instancia, un resquicio para proponer contenido a definiciones a las ìinstancias colegiadasî, modos de verificación de citas de trabajo y negociación, como evitar resbalar discusiones y tiempos políticos, manipulaciones en la primera instancia entre los delegados y frente a la patronal, ingresar en el Estatuto reglamentos: desde el propio del Congreso y el CE pasando por las comisiones mixtas autónomas, hasta el Delegacional, finanzas y bolsa de trabajo; así como de la figura del Congreso General de Representantes Legislativo, para evitar en lo sucesivo comisiones cupulares que evitan discusiones reales y retirar espacios donde se cobran o pagan favores políticos entre grupos.
La situación actual para el STUNAM no es diferente a la del resto del sindicalismo nacional, pero su origen en el sindicalismo universitario independiente puede ser aún, fuente para corregir simulaciones y renovar prácticas y dirección política y sindical en la era del capital en su edad de la globalización de la miseria.
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ÝPor: Blas Torres Domínguez